El poeta nortino que nos convoca, Julián Rojas seudónimo de Héctor Cordero Vitaglic, escribe sus primeros poemas a los diez años, pasando de ahí en adelante a formar parte de un sinnúmero de talleres literarios conociendo a destacados autores de la Perla del Norte, nunca a renunciado ni a sus ideas políticas ni al equipo de futbol que alienta.
Sus poemas han sido publicados en diversas revistas literarias en España, Uruguay, El Salvador, México entre otras.
Ha sido articulista del diario el mercurio, gestor, locutor, actor, libretista.
Ha conocido y presentado en su carrera a connotados escritores como Andrés Sabella, Alfonso Calderón, Enrique Lafourcade, y por supuesto a Hernán Rivera Letelier (en la foto). Amistad que de la que fuimos testigos en esta última feria del libro en Osorno.
Ha publicado el jardín de las sombras 1984
Cigarra 1987
La Hoja retorcida 1989
Fabula necesaria 1995, todos libros autoeditados. Actualmente persigue que su novela La cabellera de Berenice sea aceptada por alguna editorial y pueda por fin publicarla.
Julián Rojas reside en Osorno desde mediados del 2002 donde pasa a dirigir la agrupación Melipal, siendo además antologado en los libros, Magia de Luz y Sombra, Cuatro de Trébol, libros de un aporte cultural indudable a la ciudad y a quienes hemos tenido la suerte de ser llamados sus amigos.
Hablar de su obra pasa obligatoriamente, en mi caso, por la amistad que se ha generado a raíz de los innumerables encuentros literarios siempre cortos, en los que terminamos imbuidos en cambiar el mundo, haciendo metáforas de tragedias y/ o andurriales andados.
Julian Rojas, amigo, poeta, hoy ya no se cuál de estos conceptos es más preeminente. Fue uno de los primeros que validó mi intención de escribir. No sólo leyéndome, también entregando por escrito su parecer, de manera honesta, constructiva, sin dobleces , sin los fuegos fatuos del compromiso.
¿Será que esto último hace del hombre-poeta ir tras sus quimeras? ¿Que abandona todo con tal de buscar, perseguir, vivir el amor.?
El amor esquivo en un Sur que maltrata si no se conoce el canto de los hilos de lluvia, o si el cuerpo no está bautizado antes de los temporales.
Leer a Julián, es adentrarse en el talento y el ingenio creativo, sus poemas me llevan de la mano por procesos de vida, una vida en una constante búsqueda de la belleza de la soledad no sé si admitida, pero tantas veces quejumbrosa.
Puedo sentir los interminables sábados invernales roídos entre paredes viejas, o cuando ese pan amargo, guillotina la garganta cuando la espera se hace interminable…
Siento al poeta describir en este viaje con sus pinceles de tierra nortina un paisaje inhabitado de amor.
¿Será que la torta de novios nunca tuvo la intención siquiera de convidarle un mordisco y se fue pudriendo? ¿Cómo los cadáveres? Me detengo en el amor pedido entre cigarros, aviones caídos y un epitafio que pareciera decir que: hubo un hombre que nos perteneció y ni siquiera lo tomamos prestado…
No queremos que las cartas de Julián escritas en este verde-frio-sur queden en blanco, no queremos que sus palabras se indignen marchándose…o que los besos pegados en los rincones se vayan en la última estación de la memoria
Aliento que los fierros oxidados a los que dio vida en estos parajes puedan vivir sin olvidos, ni mugres bajo la alfombra…a que sus hielos no se queden pegados en la espalda.
Quiero que sus palabras, conmuevan, persuadan, alimenten, provoquen, quemen. Que susurren, que toquen fibras íntimas. Que titilen, que nos acompañen. Y se queden con nosotros.
Finalmente creo que nos une el mismo y último temor, “que al entrar en la tumba esta ya esté ocupada por otro(a) igual a mí”
Atte,
Jacqueline Lagos
Osorno, Diciembre 2011.-
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